Y, mientras se gestaba mi enésima condena en el curro [no se puede tener peor suerte], empecé a improvisar cervezas al atardecer en los bares más cutres del barrio, con alguien, luego ya pasamos a tomarlas en su balcón y ahora los findes desayuno ahí mismo. Amor de proximidad lo podríamos llamar...
... un amor que atraviesa la calle, como los Andes atraviesan al Perú, y todo lo aprendido en estos años. Y es bonito.
En breve cogeré un avión, cumpliré otro sueño y echaré de menos. A la vuelta tocará un otoño de menos cicatrices y más valentía; deberá de haber un AP/DP, como hace 3 años hubo un AC/DC...





No siempre se pueden elegir las caídas, pero siempre las ganas de levantarse
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